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Argumentando para satisfacer tus necesidades

¿Alguna vez te has escuchado, o a otra persona, expresar sus necesidades de manera que pareciera que estaba presentando su caso ante un juez? Podría sonar así:

He conversado con mis amigos y todos dicen que tu comportamiento es ridícula. Además yo pago más alquiler que tú, así que tengo el derecho de mover las cosas sin tener que pedirte permiso. Tu eres la quien decidió pintar el baño, así que yo …”


Este ejemplo expresa el sentido de que “Tengo razón”, y justo por debajo del “Tengo razón”, está “Está bien que yo me sienta así.” Este ejemplo es, quizá, bastante obvio. A menudo en mi trabajo con parejas escucho versiones más sutiles. La persona habla de manera calmada y dice algo como esto:

“Sólo quiero que me escuches. Mientras atravieso por este tiempo difícil, sólo quiero poder expresar mi dolor, y no creo que lo hago con mucha frecuencia. Es decir, creo que muchas veces te presto atención a ti y a tus dificultades para conseguir trabajo e ir a entrevistas, y todas esas cosas. Creo que está bien que yo me exprese con lo que me está pasando. Esta es mi experiencia ahora. Yo te escucho. Te acuerdas de la otra noche cuando …”

En este ejemplo, la persona que habla está argumentando su caso porque quiere satisfacer sus necesidades de empatía y de ser escuchada. Lo que experimenta la persona que escucha en esta situación es que le están “dirigiendo la palabra”, y no que están conversando uno con el otro. La persona que escucha no sólo pierde conexión con las necesidades de la persona que habla, sino que, en su interior, ya está empezando a armar su “defensa”. En pocos momentos, la conversación se habrá convertido en argumento.

En el segundo ejemplo, la persona que habla pudo haber logrado ser escuchada de manera más profunda si hubiera parado después de la primera oración para ofrecer una petición específica, así:

Sólo quiero que me escuches. Cuando hablo del dolor que enfrento con este reto de salud, sólo quiero que me digas “Sí, ¡que duro!” o algo parecido, o puedes asentar con la cabeza para dejarme saber que me escuchas. ¿Es esto algo que estás dispuesto a hacer?

Quizá la otra persona contesta de manera afirmativa pero, sin embargo, su cara expresa algo de resistencia o vacilación. Al notar esto, la persona que habla dice:

“Te escucho decir que sí, y al mismo tiempo me pregunto si hay algo que ha surgido en ti relacionado con mi petición? ¿Estarías dispuesto(a) a contarme lo que está activo en ti ahora?”

Un aspecto de cuidar y honrar tus necesidades es tener claro que, cuando otras personas ofrecen contribuir a satisfacer tus necesidades, que lo hagan desde el corazón, y no con un sentido de obligación, temor, culpa, o deseo de recibir aprobación. Es una tentación muy grande aceptar cualquier “sí” que llega para seguir adelante con la conversación antes que la otra persona cambia su decisión. Lamentablemente, un “sí” dado con sentido de obligación frecuentemente resulta a largo plazo en más necesidades no satisfechas (resentimiento, enojo, distanciamiento, etc.).

Ofrezco tres aspectos que pueden ayudarte a evitar la dinámica de “argumentar para satisfacer tus necesidades”.

La primera es tener claridad sobre la necesidad que está activa, y como puede ser satisfecha. Cuando estás firme en tu propio sentido de claridad, honrando tus necesidades, es más probable que las podrás expresar directamente. A menudo, aprender a honrar tus propias necesidades involucra una trayectoria que incluye trabajo de sanación, participar en comunidades caracterizados por amor y cuidado recíprocos, y escoger relaciones que con afirmativos. Un aspecto de esta trayectoria es pausar tantas veces que puedas para tomar nota de tus necesidades en una situación particular, y hacer la práctica de recibir a tus necesidades con bondad y cariño. Esto puede necesitar que relajes tu cuerpo, calmes tu voz interna, ofrezcas palabras de aceptación como “Esta es una necesidad válida, está bien tener necesidades”, o pensar en alguien que admiras, y recordarte que él o ella tiene las mismas necesidades.

La segunda es saber y confiar en que tu necesidad puede ser satisfecha de varias maneras. Cuándo has considerado dos o tres maneras que podría ser satisfecha tu necesidad, sentirás más flexibilidad y estarías menos propenso(a) a presionar por una acción en particular. Entonces podrás escuchas un "no” sin tomarlo personalmente, y sin cortar la conexión con la otra persona.

La tercera es tu habilidad de mantener el diálogo y seguir con la negociación cuando escuchas un “no” a tu petición. Cuando escuchas un “no”, es posible que te sientas curiosidad hacia los sentimientos y las necesidades de la otra persona. Podrías hacer preguntas como estas: “¿Qué parte de mi petición no funciona para ti?” “¿Cuáles necesidades tuyas imaginas no serán satisfechas si decís sí a mi petición?” “Hay algo que quisieras cambiar en mi petición para que funcione para ti?” “¿Tienes alguna idea de cómo podremos satisfacer las necesidades tanto tuyas como las mías?”

Estas tres cosas requieren de habilidades sutiles y cambios importantes de conciencia. Al mismo tiempo, cualquier pequeño movimiento en esta dirección hace una diferencia. Sólo darte cuenta que estás “argumentando” para satisfacer tus necesidades y estar consciente del impacto que eso tiene es un paso importante en la dirección de una nueva conciencia y una nueva manera de relacionarte.

Práctica  

Cada día de esta semana, cuando sientes el impulso de “argumentar” para satisfacer tus necesidades, haga una petición sencilla, de dos oraciones. Con la primera, exprese claramente el contexto, el sentimiento y la necesidad. Con la segunda, exprese una petición sencilla, específica, y realizable.

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